La evolución inútil

Cada día me pregunto gradualmente más alarmado cuál es el futuro que les aguarda a las consolas portátiles. Bueno, a la consola portátil. 3DS domina el mercado, si es que ese mercado sigue existiendo, porque creo que a estas alturas esperar que Vita resucite y le haga sombra a la tridimensional de Nintendo es de todo menos probable. 3DS supone el 83,4 % del total de consolas portátiles en el mercado —el 16,6 % restante es de PS Vita—, lo que se traduce en un total de 52,9 millones de consolas vendidas. No sé vosotros, pero yo veo imposible que 3DS alcance los 100 millones para cuando sea anunciada su sucesora, y por tanto menos aun los 150, cifra que alcanzó DS en su momento.

Podríamos pensar que si no ha rozado ni de lejos las ventas de su hermana menor es porque 3DS es una mala consola con un catálogo pobre, pero me temo que no es así. De los 153,8 millones de usuarios de DS, un parte considerable eran niños, al igual que con anteriores consolas portátiles. Los niños actuales deberían comprar 3DS, pero no es así. No la compran (o sus padres no se la compran) porque las tabletas y teléfonos inteligentes ofrecen un contenido gratuito que cubre las necesidades de un jugador inexperto y que por tanto no sabe que jugar con botones físicos a Luigi's Mansion 2 es mucho mejor que echar una partida a Jetpack Joyride o Angry Birds.

 

El problema a mi parecer no está en que jueguen con móviles. Yo también lo hago, y he pasado ratos entretenidos con los dos títulos mencionados anteriormente. Esos (y otros muchos), sin embargo, no logran ofrecer la misma experiencia que Resident Evil Revelations, Super Mario 3D Land, Kid Icarus: Uprising o Animal Crossing: New Leaf, por citar algunos de los que adornan mis estanterías. Son juegos distintos, con ambiciones distintas, que en principio no compiten con producciones algo más grandes pensadas para consolas propiamente. En un principio parece lógico pensar que el mayor beneficio se obtiene mediante las producciones mayores, las destinadas a lanzarse en consolas, ¿pero y si no fuese así? ¿Y si las cosas estuviesen cambiando?


« Me temo que quien juegue a Candy Crush no va a tener ni de lejos el mismo interés por los videojuegos que aquel que se ha divertido con Mario Kart »


Durante años los videojuegos han evolucionado, mejorado sus mecánicas, inventado géneros, alcanzado nuevas metas en el ámbito narrativo, se han superado tecnológicamente... ¿para acabar ahora reducidos a los juegos con los que nos entretenemos en el metro? Es excesivamente categórico, sí, pero me pregunto qué futuro le espera al videojuego. Justo cuando comienza a alcanzar su madurez como medio, cuando todos suponemos que las nuevas generaciones lo irán abrazando como medio artístico equiparable al cine o la literatura, entonces resulta que le educación videojueguil que debería recibir el nuevo jugador (y que hasta ahora era impartida por los juegos portátiles) desaparece de un plumazo. Porque me temo que quien juegue a Candy Crush no va a tener ni de lejos el mismo interés por los videojuegos que aquel que se ha divertido con Mario Kart.

 

Y claro, si el mercado potencial está ahí, en los dispositivos inteligentes, también las desarrolladoras. Sirva como ejemplo el caso de Level-5 y Fantasy Life. Soy firme creyente de que en este medio las segundas partas raramente son malas, pero con el caso de este juego no tengo demasiadas esperanzas. Difícilmente será Fantasy Life 2 un juego al nivel de su primera entrega, simplemente porque el primero fue diseñado para sesiones de juego medianamente largas, usando controles físicos que aportaban solidez, mientras que su adaptación a la interfaz móvil va a causar estragos y habrá alterar algunos de sus elementos para hacerlo viable y entretenido en sus nuevas plataformas de destino. El éxito, eso sí, parece asegurado, al menos en tierras niponas, donde este tipo de juegos arrasan en smartphones.

 

No sé qué pasará, pero me apena que tras tantos años de esfuerzo nadie acabe queriendo comprar videojuegos de calidad porque nadie les haya enseñado nunca a esas personas la profundidad que puede aportar una obra interactiva. No digo que los juegos móviles sean malos, ni mucho menos, pero creo que nadie me discutirá que no son equiparables a los de una consola portátil. Supongo que el futuro no es tan aciago como lo pinto, pero algo de verdad hay en todo esto, pues Nintendo ya se dispone a realizar el desembarco en el mercado móvil. Veremos qué pasa. Mientras tanto, yo me voy a seguir explorando las tierras de Términa en mi New Nintendo 3DS XL.